Madrid Arena (2) – Venta excesiva de entradas y sobreaforo – La ocultación de urnas en el Pabellón Satélite.

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Toda la información que ha servido para realizar este escrito está extraída única y exclusivamente del texto de la Sentencia publicada en  www.poderjudicial.es

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EL CÁLCULO DEL AFORO

El Madrid Arena carece de licencia de funcionamiento y como pabellón multifuncional que es no tiene un aforo preestablecido, sino que según el uso, las características y el montaje del evento, se fija el aforo. En esta ocasión el arquitecto Javier Martínez de Miguel, empleado de Madridec fue quien lo determinó y el 29 de octubre de 2012,  se comunicó por Madridec a Diviertt. El arquitecto manifestó en la vista oral cómo había calculado dicho aforo – dado por bueno por la Audiencia- y que una vez fijado el cliente, promotor del evento, queda obligado por el mismo teniéndolo que hacer constar en las entradas y también teniendo la obligación de controlar que se cumpla.

El aforo se distribuyó por plantas fijándose un máximo de 3.000 personas en la planta superior (cota 11), 3.920 personas en la planta intermedia (cota 5) y 3.700 para la planta inferior en la que se encontraba la pista (cota 0), lo que supone un máximo de 10.620 personas en total.

A pesar de ese aforo máximo autorizado, Diviertt vendió para el evento un total de 16.492 entradas y a ello hay que añadir los asistentes con invitaciones y la venta que se continuó realizando en el propio pabellón el día de los hechos.

Cabe destacar que a pesar que el aforo, como se ha expresado,  estaba fijado por plantas en las entradas no estaba fijada la planta a la que el espectador debía acudir, por lo que el asistente podía acudir a cualquiera de las plantas del pabellón.

Además, Miguel Ángel Flores añadió al montaje elementos que no se habían puesto en conocimiento del arquitecto para que los tuviera en cuenta en el momento de determinar el aforo (como el túnel de terror, una mesa de luces o barras de mayor tamaño que las que se había comunicado al técnico) por lo que el espacio para los asistentes era menor que el inicialmente manifestado.

Debe tenerse en cuenta también que se dieron instrucciones a los controladores para que realizaran actuaciones que perjudicaban el tránsito de los asistentes por el pabellón, como el cierre de los vomitorios y escaleras, primando la protección de las estancias utilizadas por la organización y los artistas a la seguridad de los asistentes. Dicha circunstancia tampoco pudo ser tenida en cuenta para calcular el aforo correcto según la superficie realmente disponible.

La falsa previsión de asistentes también tuvo sus consecuencias en la planificación de la seguridad, porque en los días previos a la celebración de la fiesta Miguel Ángel Flores indicó a Francisco del Amo (de Madridec)  que el número de asistentes previsto era entre 4.000 y 6.000 personas y dicha cifra fue la que se tuvo en cuenta para preparar la seguridad del evento,  incrementada hasta 7.000 ya que tuvieron en cuenta que se podrían vender aún más entradas los días anteriores a la fiesta.

EL EXCESO DE VENTA DE ENTRADAS Y SU RECUENTO

La venta de entradas para el evento se inició por Miguel Ángel Flores en septiembre, antes incluso que se hubiera firmado el contrato con  Madridec. Hay testigos de Madridec que manifiestaron en el juicio que no era la primera vez que ocurría y le tuvieron que pedir que no lo hiciera “en muchos eventos se ha llamado la atención a Diviertt porque estaba vendiendo entradas antes de la aprobación del evento, y se le prohibía que siguiera haciéndolo, cosa que luego parece ser que no se cumplía” 

La venta de entradas se realizó por internet a través de plataformas de venta de tickets, una de las cuales es propiedad de Miguel Ángel Flores, mediante venta de entradas físicas o talonario bien en establecimientos comerciales o por relaciones públicas (jóvenes a los que se les daba una comisión o invitaciones al evento) y también hubo venta en las taquillas del pabellón el mismo día de la fiesta.

Miguel Ángel Flores sostiene que cuando se llegó a la cifra de 9.650 entradas vendidas, paralizó la venta  “se le hace ver por el Ministerio Fiscal que entonces no salen las cuentas” Flores manifiesta que no es así y reitera su postura diciendo “que tendrá – el Fiscal-  mal los datos”

Además de las entradas se daban invitaciones para el evento para Madridec, amistades, conocidos, proveedores y relaciones públicas indicando Flores que se repartían “entre 500 y 1.000 invitaciones”

Es una cuestión clave dilucidar si todos los asistentes llevaban entradas, si las que entregaban eran auténticas y si ello se controlaba, ya que si no fuera así el número real de espectadores que había en el Madrid Arena sería difícil de determinar. El propietario de la imprenta declaró en juicio sobre las medidas de seguridad de las entradas, manifestando que en este caso llevaban papel especial y tinta invisible y estaban numeradas. Manifiesta que es difícil copiarlas ya que se realizan con planchas metálicas que no se facilitan a ninguna empresa y que son planchas nuevas para cada entrada.  En total se imprimieron 17.500 entradas.

La empresa DATO es la que Diviertt contrató para el suministro del sistema informático necesario para la lectura de las entradas. En cuanto al control de la autenticidad de las entradas (y sin perjuicio que lo expondré de manera más extensa en el post correspondiente sobre cómo se llevó a cabo el control de acceso) se realizaba por un lector. Había entre 8 y 12 filas para la autentificación de entradas y en cada uno de estos puestos había un ordenador. En esos puestos el controlador pasaba  la entrada por el lector y después se metía en las urnas, afirmando que siempre se recogen las entradas salvo que el espectador pida que se le devuelva. El gerente de DATO manifestó que había unos 8 ordenadores de ellos, 16 de diviertt y lectores habría “diez o doce”. Al respecto hubo ordenadores que se los llevó la policía, otros que aportó Miguel Ángel Flores con posterioridad y otros que no han llegado a aparecer nunca. “Si no se puede saber cuántos – localizadores- se leyeron realmente es, por lo tanto, porque no se han aportado por el citado acusado, el resto de los ordenadores correspondientes a los puntos de acceso que faltan y el servidor que recogería la información de todos ellos” 

La mayoría de los 50 asistentes al evento que comparecen como testigos, sin embargo mantienen que no se pasó un lector por la entradas cuando la entregaron. Algunos pasaron con invitación, otros preguntaban por un contacto y les dejaban pasar. Cuando les recogían las entradas no las rompían, ni las cortaban sino que se las quedaban íntegras, depositándolas en una caja.  De la declaración de los testigos se desprende un escaso control en cuanto a las entradas, puesto que muchos de ellos afirmaron que no las miraban, que en las entradas grupales no controlaban a todos los que correspondían y que en algunos casos ni les cogieron la entrada.

LA OCULTACIÓN DE LAS URNAS EN EL PABELLÓN SATÉLITE

El 16 de noviembre de 2012, cuando se iba a levantar el precinto del Madrid Arena (que incluía el del Pabellón Satélite, las jaimas, las zonas de vallas amarillas y todos los espacios que se habían utilizado para el evento) por los funcionarios policiales se encontraron en el Pabellón Satélite ocho “urnas” llenas de entradas.  Eran unas urnas metálicas grandes con ruedas, algunas con candados y otras cerradas con bridas de plástico.

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Fuente de la imagen: El mundo

“Es evidente que antes de la llegada de a policía y durante la intervención de la misma en el evento tras producirse los hechos, se desmontaron los puntos de acceso, puesto que se llevaron las urnas, en las que se depositaban las entradas que se recogían a los asistentes al Pabellón Satélite”

A pesar que Miguel Ángel Flores manifiesta que dichas urnas habían sido manipuladas, la Audiencia concluye que “no existe ni prueba, ni sospecha alguna de la manipulación del contenido de dichas urnas”  Desde que se encontraron y se examinó su contenido y se procedió al recuento de las entradas encontradas en su interior, las urnas fueron perfectamente custodiadas, no existiendo posibilidad alguna de su manipulación

Además, para el Tribunal “parece evidente que las urnas no se guardaron en el Pabellón Satélite sino que se ocultaron allí.”

LA CONCLUSIÓN DE LA AUDIENCIA PROVINCIAL DE MADRID

La venta excesiva de entradas, que implicaba un riesgo evidente para los asistentes, se realizó únicamente para conseguir un mayor beneficio económico. Miguel Ángel Flores Gómez no solo estaba obligado a cumplir con el aforo total autorizado y con el establecido para cada una de las plantas sino controlar que aquello se cumpliera de acuerdo con el Decreto sobre la actividad de control de acceso a espectáculos públicos vigente en el momento de los hechos.

Resulta probado que Miguel Ángel Flores vendió al menos 16.492 entradas con anterioridad al día de los hechos, a lo que hay que añadir los asistentes al evento con invitaciones y las entradas que se continuaron vendiendo en el propio pabellón, todo lo cual supuso que el número de personas existentes en el pabellón fuera muy superior al aforo permitido, provocando con ello un evidente riesgo para la integridad física de quienes allí se encontraban.

Ana Belén Almécija Casanova

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