Madrid Arena (5) Las funciones del vigilante de seguridad asignado al centro de control de cámaras. La cámara 101.

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FUENTE DE LA IMAGEN: ABC.ES

Toda la información que ha servido para realizar este escrito está extraída única y exclusivamente del texto de la Sentencia publicada en  www.poderjudicial.es

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EL CENTRO DE CONTROL DE CÁMARAS Y EL VIGILANTE ALLÍ ASIGNADO: FUNCIONES

En el Madrid Arena se preveía la presencia de un vigilante de seguridad en el centro de control de cámaras, puesto que desempeñó aquella noche el acusado Roberto Mateos García.

El cuarto de control de cámaras tenía dos funciones diferentes según el plan de vigilancia:

  • Equipo de autoprotección. El vigilante era el encargado de avisar según el plan de autoprotección en caso de emergencia.
  • Control de público asistente mediante un sistema de CCTV. Ello suponía la prevención de actos vandálicos y en su caso, de posterior seguimiento.

Roberto Mateos declaró que era su primer día en el cuarto de control de cámaras del Madrid Arena y afirmó que Juan José París (Seguriber) le dijo que lo que tenía que controlar era que quedara todo grabado y que intentara que nadie entrara en la zona técnica. Mantiene el vigilante que no percibió ninguna situación de riesgo ni de peligro y que las cámaras que hay en el Madrid Arena son disuasorias, no preventivas. En su declaración se quejó que los medios que tuvo a su disposición era dos monitores de 14″ (consta una pericial en la que se muestra que son de 19″ y no de 14″)  en los que distribuidos en siete u ocho pestañas controlaban 16 cámaras y el ordenador. Afirmó que las imágenes se ven con salto de imagen y que no están nombradas, no constaba de dónde era cada cámara. Además de eso, manifestó que aquella noche disponía de un teléfono fijo y el equipo de megafonía.  Manifiestó que en el Madrid Arena hay 101 cámaras (6 domos “que se pueden mover con dificultad” y el resto fijas).

El inspector de Seguriber afirma que si el vigilante está mirando las pantallas y ve algo, ha de intentar hacer seguimiento, lo cual es complicado cuando el 95% de las cámaras son fijas. Como mucho se pueden ver 32 cámaras de las 95.

Raul Monterde (Seguriber) afirmó que el vigilante del cuarto de cámaras no tiene la obligación de estar en el cuarto de cámaras, sino de comprobar que las imágenes estén grabadas, y así se había indicado a Roberto Mateos. Juan José París (Seguriber) afirmó que el vigilante de control de cámaras puede descansar cada dos horas diez o quince minutos y le puede sustituir cualquier compañero, aunque lo normal es que lo haga el denominado “el Rondas”.

Efectivamente, hubo dos vigilantes que sustituyeron – a ratos-  a Roberto Mateos en el centro de control aquella noche. Uno de ellos manifiesta que en el transcurso del evento le dijeron que fuera al cuarto de cámaras, que entró y estaba vacío, una vez allí se paró delante de las pantallas y vio que estaban encendidas, pero no sabía manejarlas.

LA CÁMARA 101: SOLO UNA CARCASA

La cámara 101,  que era la que debía grabar precisamente el vomitorio donde ocurrieron los hechos había sido retirada por Madridec, dejándose solo la carcasa para utilizar la cámara en el exterior. Así lo afirma Juan José París y un inspector de Seguriber, que declara en el juicio como testigo, quien reconoce que sabía que en el Arena había alguna carcasa que no tenía cámara, una que estaba así desde el principio y después otras seis que se retiraron por orden de Madridec porque se pusieron las cámaras exteriores nuevas y en una zona que había quedado sin cámara, que era el vial principal, en 2010 ó 2011 se retiraron seis cámaras, dos del sector B, dos del sector D y las dos de los vomitorios centrales, del A y del C. Esas seis cámaras se instalaron en F2 y en el punto tres y enfrente de la requisa. Se quitaron las cámaras y se dejaron carcasas, entre ellas la del vomitorio en el que se produjeron los hechos.

El director gerente de Madridec afirma ellos no conocían la falta de cámaras de seguridad en algunos vomitorios, tuvieron conocimiento de ello después de los hechos. Mantiene que tampoco tenían conocimiento de que alguna de las cámaras era solamente una carcasa”.  Parece ser que la decisión fue tomada por la gerencia anterior, antes de que los testigos que declaran estuvieran en el cargo.

LAS CONCLUSIONES DE LA AUDIENCIA

La Audiencia concluye que a pesar de lo que indica el personal – testigos y acusados- de Seguriber y los peritos por estos propuestos, según el Plan de Seguridad, el centro de control de cámaras era un sistema activo de seguridad y no pasivo. El Tribunal considera que si el cuarto de control de cámaras no sirvió en este caso para detectar lo que se estaba produciendo es porque al vigilante que estaba al cargo no se le había dado la instrucción de controlar lo que sucedía, en la medida que pudiera, a través de las cámaras, sino de comprobar, en las ocasiones que estuviera en dicho cuarto, que el sistema de videograbación funcionara, que el piloto verde estuviera iluminado.

A entender del Tribunal resulta insólito que se destine un vigilante de seguridad en un centro del control exclusivamente para ver que el sistema funciona correctamente a efectos de que pudiera servir lo grabado para el posterior seguimiento de algo que pudiera suceder, en lugar de tratar de prevenir que sucediera, dado que ambas funciones se establecían en el plan de vigilancia, pero parece que era esa la interpretación que se hacía en Seguriber al citado cuarto de control, o al menos, la única que consta acreditada que le transmitieron a Roberto Mateos.

Se considera probado que el Vigilante no tenía el encargo de estar permanentemente observando las cámaras, por lo que durante la celebración del evento solo iba de vez en cuando por el cuarto de control, haciendo numerosos recorridos por el pabellón para otro tipo de actuaciones, en muchas ocasiones acompañando a sus propios superiores.

Dado el número de cámaras existentes y que el máximo de ellas que podían verse a la vez en el monitor eran 16, debiendo cambiarse continuamente en el supuesto de que se estuviera controlando continuamente lo que sucedía en el pabellón, dependía enormemente de la casualidad el poder advertir lo que sucedía, aunque se tratara de un acto vandálico para cuya prevención estaba previsto el referido cuarto en el plan de vigilancia.

El Plan de autoprotección  -que será tratado en otro escrito- no se activó la trágica noche, por lo que no consta que nadie intentara comunicar con el centro de control para que el vigilante avisara al Samur o a la Policía y no lo consiguiera por no estar Roberto Mateos en su puesto de trabajo.

Por todo ello, la Audiencia considera que el Vigilante no tuvo ningún tipo de capacidad de decisión en el evento, que es un trabajador que actuó de acuerdo con lo que se le ordenó y por ello se le absuelve de cualquier tipo de responsabilidad, tal y como indicamos en nuestro escrito Madrid Arena (1).

Ana Belén Almécija Casanova

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