Madrid Arena (13) El rescate de la avalancha. La asistencia a las víctimas. La incompetencia de los médicos de la enfermería.

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FUENTE: RTVE

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Toda la información que ha servido para realizar este escrito está extraída única y exclusivamente del texto de la Sentencia publicada en  www.poderjudicial.es

EL CAÓTICO RESCATE DE LA AVALANCHA

El rescate de las personas atrapadas en el vomitorio donde se produjo la trágica avalancha fue realizado por los propios asistentes y por el personal controlador de acceso “los del chaleco amarillo” “se desprende que había personal de Kontrol 34 intentando resolver el problema por ambos lados del vomitorio, en la entrada del mismo por la pista, y por la isla”  Sin embargo, “Los de chaleco amarillo no estaban organizados, cada uno hacía lo que entendía, no estaban coordinados, actuaban por impulso” 

Los testigos explican que era muy difícil mover a nadie, a los de abajo imposible sacarlos, por lo que intentaban sacar a los de arriba, quienes al salir, pisaban, sin querer, a los que todavía quedaban abajo.

Consta en la narración de varios testigos que precisamente en esas trágicas circunstancias, alguien tiró un petardo o bengala, la Audiencia afirma que en ese momento    “se continúa con el intento de rescate, con muchos esfuerzos pero ciertamente poco eficaces, existiendo momentos de gran aglomeración de público en la isla, alguno de los cuales, de manera inexplicable, lanza alguna bengala o petardo, aumentando la confusión” 

En la Sentencia también se ha hecho constar la conocida llamada al Samur, que se reproduce como prueba y en la que dos asistentes solicitan ayuda y en palabras de la Audiencia “de manera absolutamente sorprendente, la persona que recibe la llamada pese a que le manifiestan que llevan a una amiga y que se está muriendo, les dice que tienen que ir andando con ella al Paseo de Extremadura para que puedan atenderla.” 

Las iniciales medidas de atención a las víctimas, se realizaron por asistentes que tenían conocimientos sobre primeros auxilios, como policías o socorristas que estaban en el espectáculo como espectadores.  También consta el auxilio prestado por los  vigilantes de seguridad y algún camarero.

LAS VÍCTIMAS QUE FUERON LLEVADAS AL EXTERIOR HASTA LA LLEGADA DEL SAMUR.  

Belén Langdon del Real y Mª Teresa Alonso Vinatea presentaban parada cardiorrespiratoria y fueron trasladadas, tras su rescate del vomitorio por asistentes al evento y controladores de acceso al exterior del pabellón, avisando las personas que las auxiliaron al Samur para que las atendieran.

Hasta la llegada del Samur, a Belén Langdon del Real le realizó maniobras de reanimación un policía municipal que se encontraba fuera de servicio en el evento y colaboró en el rescate de las víctimas, sacando a Belén del vomitorio sobre las 3’52 horas, llevándola en brazos, con la colaboración de dos policías nacionales,  los cuales asistían como público al espectáculo, al exterior, en donde fue asistida por el Samur a las 4’09 horas.

Las unidades del Samur atendieron a Belén Langdon en el lugar hasta las 5’15 horas, consiguiendo recuperarla de la parada cardiorrespiratoria, trasladándola al Hospital 12 de octubre en donde falleció el 3 de noviembre de 2012, como consecuencia de las gravísimas lesiones producidas por el aplastamiento que sufrió en el vomitorio. Tenía 17 años cuando sucedieron los hechos.

Teresa Alonso Vinatea fue trasladada al exterior poco antes de las 4’00 horas por asistentes al evento, entre los que se encontraba una amiga quien avisó por teléfono al Samur, y por controladores de acceso, realizándole maniobras de reanimación una vigilante de Seguriber hasta la llegada de los servicios sanitarios de urgencia.

El Samur se personó a las 4’05 horas y asistió a Teresa en el lugar hasta las 4’25 horas, consiguiendo recuperarla de la parada cardiorrespiratoria en la que se encontraba a su llegada y trasladándola al hospital Fundación Jiménez Díaz en donde falleció el 29 de noviembre de 2012 como consecuencia de las gravísimas lesiones producidas por el aplastamiento que sufrió en el vomitorio. Tenía 20 años de edad en el momento en que se produjeron los hechos.

LAS VÍCTIMAS QUE FUERON LLEVADAS A LA ENFERMERÍA HASTA LA LLEGADA DEL SAMUR. LA INCOMPETENCIA DEL SERVICIO MÉDICO. 

Cristina Arce de la Fuente, Rocío Oña Pineda y Katia Esteban Casielles, fueron trasladadas, tras ser rescatadas del vomitorio en el que habían quedado atrapadas siendo aplastadas por multitud de gente, a la enfermería del pabellón de manera sucesiva y casi inmediata entre las 3’55 y las 4’00 horas.

A la llegada a la enfermería, lejos de actuar con rapidez y hacer todo lo que estaba a su alcance, Simón Viñals Pérez y Carlos Viñals Larruga, los cuales eran los médicos del servicio sanitario del evento y el primero el responsable del mismo, no realizaron un correcto diagnóstico de que, al menos Cristina Arce y Rocío Oña se encontraban en situación de parada cardiorrespiratoria ni le practicaron a las tres jóvenes una adecuada reanimación cardiopulmonar para intentar que se recuperaran.

Simón Viñals Pérez y Carlos Viñals Larruga se desentendieron totalmente de Katia Esteban Casielles, no reconociéndola para efectuar un diagnóstico y no prestándole ningún tipo de asistencia médica. Manifiesta el doctor que a Katia la pusieron en el suelo porque no tenían camillas suficientes para atender a tres personas. 

Katia fue atendida por el técnico de ambulancia Rubén Pereira ayudado primero por Cristian Fraile, vigilante de Seguriber que cooperó en su traslado a la enfermería y posteriormente por su compañero Rodrigo Morales, quienes le practicaron correctas maniobras de recuperación cardiopulmonar básica, con masaje cardíaco continuado hasta la llegada del Samur, sin que Katia Esteban se recuperara de la situación de asistolia en la que estuvo en todo momento, no resultando acreditado si cuando la misma llegó a la enfermería estaba en parada cardiorrespiratoria o había ya fallecido. Katia murió con 18 años edad. 

Mientras tanto, Simón Viñals realizó masaje cardíaco a Cristina Arce, y, cuando regresó Rodrigo Morales con el desfibrilador, Simón Viñals le aplicó tres descargas a Cristina Arce, siguiendo para ello, las instrucciones del técnico sanitario puesto que Simón Viñals desconocía, pese a ser médico, el funcionamiento del desfibrilador.

Tras ello, cuando Rodrigo Morales se dispuso a colaborar con su compañero Rubén en la atención a Katia Esteban, Simón Viñals dejó de asistir a Cristina Arce, recibiendo la misma con posterioridad solamente ventilación con un ambú por parte de Rodrigo Morales, por entender Simón Viñals que había fallecido, erróneamente, puesto que, cuando llegó el Samur, Cristina Arce se encontraba en fibrilación ventricular, no pudiendo ser recuperada pese a que los facultativos del Samur, que llegaron sobre las 4’20 horas, le practicaron una reanimación cardiorrespiratoria avanzada, falleciendo sobre las 5’00 horas.  Cristina Arce tenía 18 años.

De acuerdo con la declaración del doctor del Samur Antonio San Juan, la Audiencia concluye que “cuando llegó San Juan, Simón Viñals no realizaba ningún tipo de asistencia a ninguna de las víctimas, ni tampoco llamaba por teléfono al Samur, sino que estaba apoyado en el quicio de la puerta esperando que llegaran, habiendo abandonado la asistencia por entender que Cristina Arce había fallecido lo que podría haber comprobado con el monitor del desfibrilador”

San Juan mantiene que con independencia del tiempo de parada, hay que darle al paciente una oportunidad, no está escrito que a partir de un tiempo determinado, no exista posibilidad de reanimación por lo que se analizó que se trataba de chicas jóvenes y se intentó reanimarlas.

A Rocío Oña la atendió exclusivamente Carlos Viñals Larruga, aplicándole el desfibrilador y dándole, en un principio, ventilación con un ambú, cesando en cualquier tipo de asistencia antes de la llegada del Samur por entender erróneamente que había fallecido, cuando al serle practicada por los facultativos del Samur una reanimación cardiopulmonar avanzada, Rocío Oña consiguió salir de la asistolia recuperando incluso una respiración sinusual en dos ocasiones siendo trasladada al Hospital Clínico al activarse el protocolo de donación en asistolia, y declarada fallecida a su llegada al hospital. Rocío tenía 18 años de edad cuando se produjeron los hechos.

En diversos puntos de la Sentencia la Audiencia recalca que la declaración que están haciendo Simón Viñals Pérez  y Carlos Viñasl Larruga no ratifica la que realizaron ante el juzgado de instrucción. Además “el resto de la prueba practicada acredita que su actuación profesional el día de los hechos dista mucho de lo que ellos quieren expresar en sus declaraciones”

En cuanto a Cecilio Page, el auxiliar sanitario jubilado de 80 años, de su declaración se desprende que “en ningún caso intentó siquiera colaborar en la reanimación de las víctimas salvo dando a los demás las medicinas y utensilios que le pedían, afirmando expresamente que él no dio masaje cardíaco pese a que los vigilantes (Cristian Fraile y Soledad), un asistente socorrista (Pablo Estrada), o los policías municipal (Mario García) y nacionales que colaboraron en rescatar a las víctimas sí lo hicieron. Igualmente mantiene que él no tomó el pulso a ninguna chica, se limitó a darles la medicación que le pedían y estar en la puerta” 

La declaración de los dos acusados, doctores Viñals, de la que se desprendería una correcta actuación, dentro de las posibilidades que les permitía la imprevista situación de tres paradas cardiorrespiratorias simultáneas en un momento en el que, además el equipo médico no se encontraba al completo puesto que dos de los técnicos se habían ido, con su ambulancia, a un traslado, sólo resulta corroborada por la del auxiliar Cecilio Page con las contradicciones expuestas, y absolutamente desvirtuada, como se ha dicho, por el resto de la prueba practicada

Finalmente, ni Simón Viñals Pérez ni Carlos Viñals Larruga hicieron transferencia a los facultativos del Samur de las tres pacientes dándoles los datos de sus estados y asistencia prestada, y Simón Viñals no colaboró con el primer equipo del citado servicio de emergencia en el cuidado de las pacientes hasta la llegada de más técnicos. Ninguno de los dos doctores Viñals elaboró posteriormente informe médico de su intervención.

Katia Esteban Casielles, Cristina Arce de la Fuente y Rocío Oña Pineda fallecieron como consecuencia de las gravísimas lesiones padecidas en el aplastamiento sufrido en el vomitorio, sin que Simón Viñals Pérez y Carlos Viñals Larruga les prestaran la asistencia médica que precisaban durante el tiempo que permanecieron en el botiquín que gestionaban antes de que llegara al mismo el Samur aumentando así la posibilidad de que no pudieran recuperarse de las lesiones sufridas,

A PESAR DE ELLO, LA AUDIENCIA CONSIDERA QUE NO CONSTA ACREDITADO QUE “sin embargo, que en el supuesto de que les hubieran prestado una asistencia correcta las fallecidas hubieran podido salvar su vida”

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                                        FUENTE DE LA IMAGEN: EL MUNDO

Ana Belén Almécija Casanova

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