Los celos no permiten la aplicación de la atenuante de arrebato u obcecación

El Código Penal recoge en su artículo 21.3, como circunstancia modificativa de la responsabilidad penal que puede dar lugar a una atenuación de la pena “La de obrar por causa o estímulos tan poderosos que hayan producido arrebato, obcecación y otro estado pasional de entidad semejante”.  Erróneamente se tiende a pensar que esta atenuante puede aplicarse en un caso de celos en el contexto de una relación afectiva o cuando esta ha finalizado, por ejemplo al descubrirse o creer que existe una infidelidad o un comportamiento desleal de la pareja, como respuesta al deseo del otro de finalizar la relación, etc.

La jurisprudencia no considera socialmente aceptados los estímulos relacionados con los celos, por lo que rechaza que puedan justificar la apreciación de una atenuante de arrebato, al menos cuando no concurran además situaciones patológicas de celopatía o de celotipia. Los celos traducidos en proscripción de la autodeterminación del otro, implican una concepción casi patrimonialista, respecto de la persona a la que se siente unida por sentimientos de afectividad son difícilmente aceptables como pauta de convivencia en una sociedad democrática en que se respete a las otras personas. 

Las Sentencias de del Tribunal Supremo de 3.7.89  y de 14.7.94, distinguen entre la celopatía, inserta en el síndrome paranoico y la celotipia, como reacción vivencial desproporcionada, lo que puede dar lugar a la apreciación del trastorno mental transitorio completo o incompleto, según su intensidad, en el caso de celopatia y de la atenuante pasional simple o cualificada, también según su intensidad, en el de la celotipia.

Por lo tanto, fuera de esos casos,  los celos -es decir más allá de aquellos casos en los que son el síntoma de una enfermedad patológica susceptible de otro tratamiento jurídico-penal (cfr. STS2 61/2010 de 28 ene . FD16 y 632/2011 de 28 jun. FD6)- no pueden dar lugar a la atenuante de arrebato u obcecación porque, por un lado, el desafecto no puede considerarse como un “estímulo poderoso” para justificar la reacción violenta de la parte contraria, porque ninguna de las partes afectadas puede pretender tener un derecho a imponer su voluntad a la contraria, de manera que “quien se sitúa en el plano injustificable de la prepotencia y la superioridad no puede pretender que su conducta se vea beneficiada por un reconocimiento de la disminución de su imputabilidad o culpabilidad” ( STS2 86/2016 de 12 feb . FD3), ya que “de lo contrario, estaríamos privilegiando injustificadas reacciones coléricas que, si bien se mira, son expresivas de un espíritu de dominación que nuestro sistema jurídico no puede beneficiar con un tratamiento atenuado de la responsabilidad criminal “ ( STS2 61/2010 de 28 ene . FD16).

La jurisprudencia  excluye el arrebato en los supuestos de simples reacciones coléricas y en los casos de simple acaloramiento o aturdimiento que acompaña a la comisión de algunas figuras delictivas. El fundamento de esta atenuante se encuentra en la disminución de la imputabilidad que se produce en un sujeto que se encuentra con la mente ofuscada por una pasión que en ese momento le afecta. Es posible que ese estado pasional venga provocado por una sucesión de hechos producidos en un período de tiempo más o menos extenso, y que permanezca larvado hasta su explosión a causa de un estímulo concreto que incide de forma importante en un sustrato previamente existente.

Los celos, por lo tanto, no constituyen justificación del arrebato u obcecación ( STS. 904/2007) de 8.11 ).  La ruptura de una relación matrimonial -dice la STS. 1340/2000 de 25.7 – constituye una incidencia que debe ser admitida socialmente, si tenemos en cuenta que las relaciones entre los componentes de la pareja se desenvuelven en un plano de igualdad y plenitud de derechos que inicialmente y dejando a salvo algunas variantes posibles, deben prevalecer en toda clase de relaciones personales. Por ello ninguna de las partes afectadas puede pretender que tiene un derecho superior a imponer su voluntad a la contraria, debiendo admitir que la vía para la solución del conflicto no puede pasar por la utilización de métodos agresivos. La pretensión de reanudar a ultranza unas relaciones conyugales o de pareja, deterioradas por diferencias o enfrentamientos personales, no pueden llevarse hasta el extremo de utilizar la fuerza como único procedimiento para imponer la voluntad del agresor.

Así, por ejemplo SÍ fue apreciado en la Sentencia del Tribunal Supremo de 17-11-2015, donde se condena por tentativa de homicidio entre otros delitos y “es posible apreciar una atenuante por afectación leve de sus facultades volitivas motivado por la obsesiva idea de sus celos”

También se acepta como eximente incompleta de alteración psíquica en la Sentencia del Tribunal Supremo de 19 de febrero de 2015, donde el perito describe al acusado como una persona perfeccionista, con tendencia al control de la familia, que en los últimos tres años había desarrollado un cuadro de celotipia, sintiéndose frustrado, abandonado y engañado, dictaminó que presentaba trastornos de la personalidad y del estado de ánimo, trastornos de ansiedad que se agravaron por un proceso celotípico, y que la comisión de los hechos enjuiciados respondía a una reacción a ese proceso que conllevó la rotura de sus últimos frenos del control de impulsos (folios 266 a 268). Estas conclusiones fueron ratificadas en el acto del juicio oral, conjuntamente con el médico forense , afirmando que la celotipia, sin afectar a su inteligencia, supuso una perdida completa del control de impulsos, “sabía lo que estaba haciendo pero no podía parar”, indicaron los forenses, concluyendo que esta situación afectaba a su imputabilidad en grado medio.

Para su apreciación como atenuante como “arrebato, obceación u otro estado pasional de entidad semejante”, de acuerdo con la Jurisprudencia del Tribunal Supremo es necesario constatar 5 circunstancias:

En primer lugar, la existencia de estímulos o causas, generalmente procedentes de la víctima (STS de 13 de febrero de 2002), que puedan ser calificados como poderosos, y que se entiendan suficientes para explicar en alguna medida la reacción del sujeto, con lo que quedan excluidos los estímulos nimios ante los que cualquier persona media reaccionaría con normalidad. Es en este sentido en el que ha de ser entendida la exigencia relativa a la proporcionalidad que debe existir entre el estímulo y la alteración de la conciencia y de la voluntad que acompaña a la acción. Si la reacción resulta absolutamente discordante por notorio exceso con el hecho motivador, no cabe aplicar la atenuación (STS de 27 de febrero de 1992 ), pues no es posible otorgar efectos atenuatorios a cualquier reacción pasional o colérica si no está contrastada la importancia del estímulo provocador del disturbio emocional en que el arrebato consiste y que ha de tener influencia menguante sobre la voluntad e inteligencia del autor ( STS 6 de octubre de 2000 ).

En segundo lugar, ha de quedar acreditados la ofuscación de la conciencia, o estado emotivo repentino o súbito, u otro estado pasional semejante, que acompaña a la acción.

En tercer lugar, debe existir una relación causal entre uno y otra, de manera que la conducta sea una consecuencia de la trascendencia del estímulo.

En cuarto lugar, ha de existir una cierta conexión temporal, pues el arrebato no podrá apreciarse si ha mediado un tiempo entre estímulo y reacción que prudencialmente permita estimar que se ha recuperado la frialdad de ánimo.

Y en quinto lugar, que la respuesta al estímulo no sea repudiable desde la perspectiva de un observador imparcial dentro de un marco normal de convivencia ( STS 17 de julio de 2000 ).

Por lo tanto, no cualquier estímulo es válido a los efectos de atenuar la responsabilidad por la vía de la atenuante de estado pasional. En este sentido la STS de 28 de junio de 2011 insiste en que el fundamento de la atenuante del art. 21.3 CP . se encuentra “en la disminución” de la imputabilidad (o de las facultades volitivas e intelectivas) que se pretende por la ofuscación de la mente y de las vivencias pasionales determinados por una alteración emocional fugaz (arrebato) o por la mas persistente de incitación personal (obcecación) pero siempre produciéndose por una causa o estimulo poderoso.”

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