¿Saber artes marciales agrava la pena de los acusados de delitos contra las personas?

Existelicencia una creencia generalizada de que aquel federado en artes marciales que se vea involucrado en una pelea, puede tener una agravación de la pena por ser consideradas sus manos como “armas” en virtud de la circunstancia prevista en el delito de lesiones agravadas del 148 del Código Penal si “en la agresión se hubieren utilizado armas, instrumentos, objetos, medios, métodos o formas concretamente peligrosas para la vida o salud, física o psíquica, del lesionado”  

Sin embargo, examinando la Jurisprudencia, la circunstancia de ser conocedor o no de artes marciales, puede ser aplicada para considerar un agravante prevista en el artículo 22 del código penal de abuso de superioridad, pero también, en otros casos, puede favorecer el tipo penal a aplicar, como expondré a continuación.

En la Sentencia del Sentencia del Tribunal Supremo de 2 de diciembre de 2010 en el caso del homicidio de la joven Nagore Laffage se tuvo en consideración para considerar la existencia de abuso de superioridad, entre otras, la circunstancia de que el acusado conocía técnicas de artes marciales:  se aprovechó de su superioridad física (varón, de 27 años, 182 metros de estatura y 80 Kgs.), así como conocer técnicas del arte marcial Aikido, respecto de su víctima (mujer, de 20 años, 1,66 metros de estatura y 56,600 Kgs.), sin que pudiera contar con el auxilio de terceras personas. Es claro, por tanto, que existió ese desequilibrio de fuerzas derivado de la envergadura física del acusado frente a la víctima y era además conocedor de un determinado arte marcial.

La circunstancia de abuso de superioridad requiere para su apreciación en primer lugar de la existencia de una desproporción efectiva y real entre la parte agredida y la agresora que determine un desequilibrio a favor de esta última; en segundo lugar que ese desequilibrio se traduzca en una disminución de las posibilidades de defensa ante el ataque concreto que se ha sufrido; y en tercer lugar que el sujeto activo conozca y se aproveche de ese desequilibrio y de sus efectos para la ejecución del concreto hecho delictivo (STS 529/2005, de 27 de abril).

Por su parte, la STS de 7 de diciembre de 1993, tras recordar que el abuso de superioridad significa la debilitación o la aminoración de cualquier posibilidad de defensa, no la total eliminación de que trata la alevosía, precisa que el abuso tiene distintas proyecciones gramaticales en las que predomina la idea de superioridad: 1º) El notorio desequilibrio entre las respectivas situaciones de poder (físico o psíquico); 2º La notable desproporción de medios; y 3º) La diferencia agresiva, en más, de quien es el sujeto activo.

El abuso de superioridad entraña o supone una notable diferencia de poder entre el sujeto activo y el sujeto pasivo de la acción, concretada en su superioridad física, pero teniendo en cuenta no sólo las fuerzas físicas del agresor, también las circunstancias todas del caso concreto (STS 96/2010, de 28 de enero).

También se aplica abuso de superioridad en la Sentencia del Tribunal Supremo de 3 de febrero de 2009 “Desde el punto de vista objetivo, dados los datos que se acaban de describir, pues no solo son dos personas contra una sino que son de gran corpulencia, uno de ellos conocedor de artes marciales y además están armados con un objeto contundente. Desde el punto de vista subjetivo, porque la agresión estaba así planeada, ya que estaban esperando al lesionado, lo que implica el conocimiento y aprovechamiento de las anteriores circunstancias” 

No necesariamente el hecho de que sea experto en artes marciales es lo que agrava un delito de lesiones, por ejemplo, en la Sentencia del Tribunal Supremo de 30 de junio de 2000 lo considera irrelevante  “…sin necesidad de considerar la condición del acusado de experto en artes marciales (Taek-wondo) (….) es en realidad, irrelevante, pues lo trascendente, como se ha expuesto, es la contundencia y objetivo del golpe”  

Ni tampoco siempre el hecho de ser experto en artes marciales perjudica al acusado, en ocasiones puede servir para probar que no había ánimo de matar, porque de haber querido hacerlo, con los conocimientos que tiene, lo hubiera conseguido. Conforme a la Sentencia del Tribunal Supremo, 24 de octubre de 1994:

“….si el autor material del hecho hubiera querido producir la muerte, le habría bastado haber apretado un poco más con el cuchillo. La forma en que ocurrió revela que  tuvo especial cuidado en no matar, consiguiendo, precisamente por su especial habilidad con el arma utilizada, el hacer una herida tan singular como la descrita, de muy poca profundidad y, sin embargo, de 12 centímetros de larga. Ello pone de manifiesto que no quiso matar, sino sólo dejar marcado a su contrincante

Un movimiento de la víctima, o un error de cálculo sobre su postura o en el uso del arma, y consiguientemente una mayor profundización del filo del machete en el cuello, podría haber producido la muerte. No obstante, el sujeto, experto conocedor en artes marciales y en el manejo de tal clase de armas, como venimos repitiendo, para conseguir la mencionada precisión en la herida (poca profundidad, pese a tener 12 centímetros de longitud) tuvo que adoptar alguna precaución (que no consta en el relato de hechos probados, sin duda por las graves dificultades probatorias que el trámite pone de manifiesto) sujetando al agredido de alguna manera al tiempo que causaba la lesión, para que ésta quedara reducida a los límites del resultado realmente producido excluyendo otro de mayor consideración y, evidentemente, la muerte del agredido. Tales precauciones ponen de manifiesto una actitud en el autor del hecho que excluye el dolo eventual.

Así pues, estimamos que no hubo ni intención de matar ni tampoco dolo eventual de homicidio, sino sólo ánimo de lesionar”

Por el contrario sí se considera la tentativa de homicidio si los golpes se dirigen a zonas vitales, Sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona, 29-1-2013   “le dio puñetazos y le propinó múltiples patadas con las botas de seguridad que calzaba (con puntera de hierro por dentro), dirigiendo las patadas de modo selectivo (así lo manifestaron los médicos forenses) y con gran intensidad, no sólo a la cabeza, sino fundamentalmente a la zona torácicoabdominal en la que no podía desconocer que se albergaban órganos vitales, máxime si tenemos en cuenta que era experto en artes marciales (especialidad taekwondo) Tenemos en cuenta para inferir el ánimo de matar, no sólo las expresiones que el acusado profirió a su pareja, sino las zonas vitales a las que selectivamente dirigió las patadas” 

En cuanto al hecho o no de estar federado, únicamente se utiliza a modo de prueba de los conocimientos que se le suponen al acusado para ser conocedor o no de artes marciales, no siendo esta circunstancia decisiva para la aplicación o no del agravante de abuso de superioridad o cualquier otra circunstancia que pueda modificar la responsabilidad penal o el tipo penal a aplicar.

 

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