El riesgo “socialmente aceptado” en un evento.

Para determinar la responsabilidad de promotores y titulares de un recinto ante una lesión o perjuicio ocasionado a un asistente debe examinarse la naturaleza del riesgo, las circunstancias personales, de lugar y tiempo concurrentes, y la diligencia socialmente adecuada en relación con el ámbito en el que se produce un acontecimiento dañoso.

Lo cual, en pocas palabras significa, que cada caso será un mundo, pero ante un evento concreto todos debemos valorar a qué riesgos nos exponemos si acudimos a él y ser consecuentes con lo que allí pueda suceder.  Es decir, la responsabilidad de lo que ocurra puede trasladarse a “la víctima” dependiendo de sus circunstancias, del devenir del evento y de si el suceso podía ser más o menos esperado.

Sin lugar a dudas, encontramos en el caso Madrid Arena, Sentencia  del Tribunal Supremo 805/2017, de 11 de diciembre, un supuesto en el que no había un riesgo previsible de las características como el trágicamente sucedido.  De acuerdo con la Sentencia  No estamos (…) en un supuesto en que se tenga que crear, y mucho menos aceptar, un riesgo. Se trata de la celebración de un espectáculo o de una fiesta en un recinto municipal que no implica un riesgo socialmente aceptado” 

Por el contrario, no cabe responsabilidad de promotores o titulares si el riesgo que se crea no es algo inesperado. Si no es inusual, el riesgo se traslada al ámbito de responsabilidad de la víctima, que controla y asume esta fuente potencial de peligro, con lo que el curso causal se establece entre este riesgo voluntariamente asumido y el daño producido, con la consiguiente obligación de soportar las consecuencias derivadas del mismo (Sentencia del Tribunal Supremo de 7 de marzo de 2018)

Es significativo el razonamiento de la Sentencia del TSJ de Cataluña de 14 de diciembre de 2016 que desestima la pretensión indemnizatoria por responsabilidad patrimonial solicitada por unos padres a un Ayuntamiento por las lesiones que sufrió su hija menor al paso de un Correfoc  “…, siendo la actividad de referencia una actividad de riesgo publicitada como tal y conocida por los recurrentes, habiéndose adoptado las medidas de seguridad acordadas en las reuniones previas al acto lúdico por parte de los responsables de los festejos, habiéndose cumplido con el horario y el itinerario previsto y sabida la presencia masiva de público (aunque sea familiar) en este tipo de eventos (lo que dificulta la movilidad), procede concluir que sólo a los padres de la menor (como guardadores de la misma) se les puede pedir responsabilidad pues sólo a ellos les corresponde decidir si acuden o no al festejo con ella”

Además, como vecinos del municipio, eran conocedores de la celebración de las fiestas patronales y de las aglomeraciones que se producían. “No se trata de culpabilizar a los padres de la menor, pero sí de exigir que ajustaran su conducta y responsabilidad a las circunstancias, en previsión de que la menor pudiera sufrir algún tipo de accidente. (…) No se ha justificado que las medidas de seguridad adoptadas no alcanzaran el estándar exigible, atendidas las circunstancias concurrentes”

La aplicación de las medidas previstas administrativamente, puede no resultar suficiente justificación para excluir la responsabilidad, pero ello no quiere decir que siempre que se produzca un resultado dañoso deba responderse porque las medidas adoptadas resultaron ineficaces e insuficientes, pues tal conclusión, sin matices, conduce a la responsabilidad objetiva pura o por daño, que no es el sistema que regulan los arts 1902 y 1903 del Código Civil ( sentencias 780/2008, de 23 de julio ; 16 de octubre de 2007 ).  Es decir, que el promotor o titular haya hecho todo de acuerdo con lo que indica la normativa no excluye que aún y así pueda tener responsabilidad, pero eso no implica que siempre que haya un daño, deba responder. 

Este año se han dictado dos Sentencias en el ámbito deportivo que tratan esta cuestión: la citada Sentencia del Tribunal Supremo de 7 de marzo de 2018, en la que se desestima la pretensión de una espectadora que fue lesionada por un balonazo durante el calentamiento en un partido de fútbol y la Sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona, 697/2018 de 8 de marzo, donde llegando a idéntica conclusión pero en un partido de baloncesto afirma que “la salida de un balón y el impacto en un espectador situado en las primeras filas de la grada no puede considerarse un hecho extraño, anormal o imprevisible, sino todo lo contrario, se trata de un evento asiduo y conocido” “Los espectadores de un partido de básquet (…) y más los que voluntariamente se sitúan en las primeras filas saben y asumen que, en un lance del juego un balón puede impactarles. Se trata de sucesos que, aunque previstos, son inevitables, y entran en el ámbito del artículo 1.105 Cc».  Concluyendo que  El riesgo es conocido sobradamente por la demandante, y aceptado por los usos sociales con relación a los criterios de organización de los estadios dispuestos por las autoridades deportivas” 

Indica el Tribunal Supremo, que no puede apreciarse responsabilidad en los casos en los cuales la lesión se debe a la distracción del perjudicado o se explica en el marco de los riesgos generales de la vida por tratarse de un obstáculo que se encuentra dentro de la normalidad o tiene carácter previsible para la víctima.

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