No, el amor ni duele ni es perfecto. (la prevención del delito a través de la desdramatización de las relaciones de pareja)

San Valentín es la excusa perfecta para hacer una reflexión sobre los mitos del amor romántico que tanto daño hacen a las relaciones de pareja. Y lamentablemente cuando hablamos de daño es en sentido literal.

Nos hicieron creer que el amor perfecto era de película, con una mezcla de sufrimiento y sacrificio y que debía ser exclusivo, excluyente y eterno. Nos hicieron creer que existía una media naranja, que era necesario estar en pareja, formar una familia. Nos hicieron creer que los celos eran una manera de medir cuantísimo de enamorado estaba el otro. Nos hicieron creer que si la persona que nos gustaba no mostraba interés, lo que había que hacer era insistir e insistir.

¿Quién? No lo sé. Las películas, las canciones, la iglesia, nuestros padres, nuestros abuelos. Ni idea. Pero si nos lo creímos, nos equivocamos. Y ahora nos toca a todos superar esas ideas para evitar las consecuencias que todo ello ha provocado. Especialmente tenemos la responsabilidad de explicar todo esto a los más jóvenes, de ir derribando los mitos que hacen que caigan en relaciones tóxicas creyendo que están viviendo una romántica historia de amor. Pero no hay que olvidarse de los adultos que aún tienen interiorizados todos esos mensajes. Como jurista, lo haré también de la mano de algunas Sentencias, recuperando y actualizando algún post anterior.

El amor mal entendido no es que duela, es que mata. Así que una desdramatización de las relaciones de pareja y de su ruptura, si se produce, es más que urgente y necesaria.

El amor – que puede ser de mil clases y colores- ha de ser complicidad, alegría, bienestar y felicidad. Y no, no es perfecto, cometeremos errores, a veces estaremos cansados, agobiados, tristes, con ganas de irnos, no siempre nos sentiremos cómplices, alegres ni felices. Hay situaciones que duelen, sin duda, seguro, pero si comprendemos que las relaciones no tienen por qué ser para siempre, ni modélicas, que lo que cuenta es la calidad y no la cantidad de tiempo que libremente se decide compartir con el otro, que cada uno tiene derecho a sus ratos de intimidad y privacidad, que no hay que coincidir siempre en aficiones, amigos, ocio… todo será más fácil.

Todo ser humano es libre, vida solo hay una y no sabemos cuánto durará. Por tanto, si decidimos estar en una relación, vivamos y dejemos vivir, no podemos coartar la libertad de nuestra pareja de hacer lo que desea. Respetar al otro, sus decisiones, su forma de ser, de vestir, de relacionarse con los demás, sus preocupaciones, su ocio, su intimidad y su privacidad, sus tiempos, ser tolerante…eso sí es amor y del bueno. No siempre es fácil, pero vamos a intentarlo.

Y habrá baches y problemas, con los que tendremos que lidiar o que tendremos que afrontar sin dramas, con serenidad, con sabiduría y autocontrol,  pero una cosa es superar esas fases como buenamente sepamos o podamos y otra que pretendamos que para nosotros estar tranquilos y bien, el otro deba dejar de hacer aquello que realmente le hace feliz. Y si la libertad del otro nos duele, hay que sobreponerse, aprender a autocontrolarse. Y si no estamos cómodos con esas reglas del juego o el dolor es insoportable igual es que esa relación no está hecha a nuestra medida.

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El amor no duele, el amor no necesariamente es para siempre y tampoco es necesario estar o vivir en pareja ni con la misma pareja. Incluso puedes amar mucho y estar mejor separados que juntos. Y si llega la ruptura, insisto: serenidad. No estigmaticemos a quien decide romper. Una pareja que lo deja, una separación, un divorcio no debería ser vivido como un drama o un trauma – o al menos no por los adultos y si los adultos lo llevan bien, para los menores será más fácil- y que así sea muchas veces también depende, no ya de la propia pareja que se separa,  sino de la actitud de amigos y familiares que en ocasiones no hacen más que contaminar esa relación sana que deberían tener los excónyuges especialmente cuando tienen hijos en común.  Facilitemos las cosas a los que deciden poner fin a su relación sentimental. No echemos más leña al fuego.

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Así de claro y sin ambigüedades se expresa el mismísimo Tribunal Supremo:

La ruptura de una relación matrimonial -dice la STS. 1340/2000 de 25.7 – constituye una incidencia que debe ser admitida socialmente, si tenemos en cuenta que las relaciones entre los componentes de la pareja se desenvuelven en un plano de igualdad y plenitud de derechos que (…) deben prevalecer en toda clase de relaciones personales. Por ello ninguna de las partes afectadas puede pretender que tiene un derecho superior a imponer su voluntad a la contraria, debiendo admitir que la vía para la solución del conflicto no puede pasar por la utilización de métodos agresivos.

La pretensión de reanudar a ultranza unas relaciones conyugales o de pareja, deterioradas por diferencias o enfrentamientos personales, no pueden llevarse hasta el extremo de utilizar la fuerza como único procedimiento para imponer la voluntad del agresor.

Un momento de mayor tensión en una pareja puede darse en el caso de sospechar o descubrir una infidelidad. Eso, en el peor de los casos, puede dar lugar a gritos, insultos, amenazas y agresiones. Ni siquiera se admite por la Jurisprudencia que sea válida una reacción agresiva por sentir celos, o por la ira que nos produzca saber que el otro nos engaña o que quiere dejarnos.  

“Los celos traducidos en proscripción de la autodeterminación del otro, implican una concepción casi patrimonialista, respecto de la persona a la que se siente unida por sentimientos de afectividad son difícilmente aceptables como pauta de convivencia en una sociedad democrática en que se respete a las otras personas” 

“Tales afirmaciones reconducen hacia los celos, que proyectan sentimientos dominación más que de afecto, que no pueden servir de base o fundamento de atenuación, en cuanto inaceptables como pauta de convivencia en una sociedad democrática” (STS, 14 de diciembre de 2017) 

“los celos no pueden justificar la atenuante de obrar por un impulso de estado pasional, pues, exceptuando los casos en que tal reacción tenga una base patológica perfectamente probada, de manera que se disminuya sensiblemente la imputabilidad del agente, las personas deben comprender que la libre determinación sentimental de aquellas otras con las que se relacionan no puede entrañar el ejercicio de violencia”  

“El desafecto o el deseo de poner fin a una relación conyugal o de pareja no puede considerarse como un estímulo poderoso para la parte contraria y no tiene eficacia para sustentar una posible atenuante de arrebato u obcecación ( SSTS 1424/2004, de 1 de diciembre y 201/2007, de 16 de marzo ). Ello es aplicable incluso en un caso como el presente, en que la reacción homicida no se produce contra la propia expareja sino contra la persona que abiertamente y con conocimiento del propio acusado inició una relación con aquélla. Según la sentencia 61/2010, de 18 de enero , los celos, más allá de aquellos casos en los que son el síntoma de una enfermedad patológica susceptible de otro tratamiento jurídico- penal, no pueden justificar, con carácter general, la aplicación de la atenuante de arrebato u obcecación. De lo contrario, estaríamos privilegiando injustificadas reacciones coléricas que, si bien se mira, son expresivas de un espíritu de dominación que nuestro sistema jurídico no puede beneficiar con un tratamiento atenuado de la responsabilidad criminal”  (STS, 3 de abril de 2017)

El amor no duele, así que si por culpa del supuesto amor nos hacen daño y duele físicamente el cuerpo o el alma hay quererse mucho a uno mismo y romper.  Esa es la decisión correcta. No hay que aguantar. El amor no es más admirable porque dure cien años si han sido cien años de infierno. Si el otro nos insulta, nos humilla, nos controla, nos agrede… hay que decir basta. Y sabemos que cuanto más maltratados física y psicológicamente estamos más difícil es salir de esa situación, no es nada fácil irse. Por eso hay que  enseñar y aprender a identificar las señales que nos indicarán que una relación es tóxica, que ese amor no es del bonito, para salir de ahí cuanto antes. Y si no lo conseguimos, habrá que aprender a pedir ayuda.   

Si estás en este último caso, si me necesitas, no dudes en contactar. 

annaalmecijaSP@gmail.com

 

Más sobre el tema  https://www.vinacora.com/feliz-san-valentin-ocho-mitos-sobre-el-amor-que-son-falsos/

La primera y la tercera fotografía están sacadas del libro absolutamente recomendable   El amor es chulo

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