Atracciones de feria: confianza de que todas las medidas de seguridad están adoptadas y que el riesgo que se asume es mínimo o inexistente.

En las actividades de ocio, recreativas o deportivas que entrañan en sí mismas un riesgo este es asumido por el sujeto que participa en ellas, por lo que no basta con participar en ella para derivar la responsabilidad en el titular de la atracción o el responsable de la actividad  (Tribunal Supremo, 17 octubre de 2006). Por ejemplo, el uso de la atracción del “toro mecánico” es de riesgo en sí misma porque la finalidad última es la de caerse. La caída sea más pronto o más tarde, dependerá de la mayor o menor sacudida en vertical y/u horizontal y de la habilidad de la persona para mantenerse y saber caerse. Pero quien hace uso de esta atracción, conoce cómo se usa y qué es lo que va a ocurrir: la caída en la colchoneta que sucederá antes o después (Sentencia AP Madrid, 6 de febrero de 2018)

Sin embargo, la asunción de ese riesgo no incompatible con el hecho de que es el titular el que realiza una actividad lucrativa, generando un riesgo con su práctica y obteniendo un lucro empresarial, por lo que ha de garantizar de la forma más plena posible la seguridad de las personas usuarias de su producto. Aunque quien decide subirse a una atracción sea capaz de comprender que existe un riesgo inherente en la participación, tal participación se ofrece en la confianza de que todas las medidas de seguridad están adoptadas y que dicho riesgo es mínimo o inexistente.

Ha de extremarse el celo por el empresario de la atracción, procurando la debida información y garantizando que no existan caídas con consecuencias lesivas. Por lo tanto, si bien el desarrollo de actividad que origine riesgo no ha de implicar sin más y de forma totalmente objetiva el nacimiento de responsabilidad, sí ha de venir matizado por la adopción de mayor diligencia en la custodia y desarrollo de la misma (Sentencia de la AP de Madrid, de 28 de febrero de 2017).

Quien utiliza una atracción de feria, cualquiera que sea su naturaleza y objeto, lo hace con el solo afán de divertirse y no tiene por qué asumir que su integridad corre peligro físico alguno si hace uso de la misma de acuerdo con las instrucciones que les proporcionen las personas que se encuentran encargadas de la misma, salvo, naturalmente, que estos mismos empleados o carteles perfectamente visibles adviertan de la posibilidad de lesiones incluso cuando se utilice correctamente (Sentencias Audiencia Provincial de Granada de 22 de octubre de 2010, Málaga, 4 de noviembre de 2009, Las Palmas, 13 de noviembre de 2009, Sevilla 3 de febrero de 2005)

Para ser indemnizado se requiere que el demandante pruebe que las lesiones sufridas son consecuencia del funcionamiento defectuoso de la atracción, no del uso normal de la misma. En un supuesto en el que la atracción consistía en una “plataforma circular diseñada para hacer caer a los usuarios, mediante movimientos constantes, acompañados de movimientos de parada y arrancada” y fue en una de esas “arrancadas” cuando el participante  cayó y se golpeó contra la bancada de la atracción, cayéndole encima otro usuario, entiende la AP de Girona en Sentencia de 16 de noviembre de 2016 que la caída se produjo como consecuencia del funcionamiento normal y esperable de la atracción, de tal forma que el daño que de la misma se deriva no sería indemnizable al entrar dentro de los riesgos asumidos por quien utiliza dicha atracción. 

En el mismo sentido, en otra Sentencia estudiada se indica que la imputación de “brusquedad del movimiento” de la atracción no puede acogerse como fundamento de la responsabilidad reclamada, porque la brusquedad del movimiento de los emplazamientos de los usuarios es el objeto mismo de la atracción (Sentencia de la AP Madrid, de 13 de junio de 2016)

Quien explota una atracción debe mantenerla en perfectas condiciones para evitar daños a terceros, y se le deben exigir las actuaciones necesarias, incluso las reparaciones en un tiempo adecuado y la adopción de cuantas medidas de aviso y señalización se estimen necesarias y lógicas. Pero no es posible declarar la responsabilidad por el simple hecho de que sea la titular de la actividad cuyo buen uso y mantenimiento obviamente le corresponde.

No basta, por lo tanto, que se produzca cualquier percance para que automáticamente surja la obligación de reparar los perjuicios que haya tenido una persona en el interior del mismo.  Así lo indica la Sentencia de la AP de Sevilla de 16 de diciembre del 2013 que además nos aporta una conclusión interesante respecto a la labor de vigilancia y custodia de los menores que hacen uso de la atracción:

No estamos ante una guardería en la que se entrega al menor por la mañana y se recoge por la tarde, o en cualquier otro horario, en la que sí que asumen, quienes la regenten, la guarda y custodia del menor durante el tiempo que esté en la misma. En estos centros de diversiones lo único que se facilita es el uso de la misma, pero esa labor de vigilancia y custodia no se transfiere, sino que sigue depositada en los padres, que son quienes han de controlar la actividad del menor, prohibiéndole, si es necesario, el uso de alguna o algunas de las atracciones que lo integren, si por sus características y la edad del menor, entiende que puede correr riesgo”

Y siguiendo con el uso de las atracciones por menores, la Audiencia Provincial de Barcelona, Sentencia 638 de 12 de diciembre de 2017, desestima el recurso interpuesto por los progenitores de un menor accidentado destacando además que fue el mal uso de la instalación unido a la falta de vigilancia de la madre lo que causó el accidente de la propia víctima, y ninguna falta de medida de seguridad o culpa o negligencia del titular de la atracción  “contribuyeron causalmente al accidente tanto el mal uso de la instalación por el niño, que hizo caso omiso a las advertencias del feriante demandado, como la desatención de la madre del menor al comportamiento de su hijo…”  Y que además, fue correcto que la atracción no se precintara tras el accidente ya que no incumplía ninguna norma reglamentaria, teniendo expedido el correspondiente certificado de seguridad en regla en el momento del siniestro.

Indica la Jurisprudencia que el uso inadecuado de determinadas instalaciones, incluso por jóvenes que tengan suficiente discernimiento aunque sean menores de edad, exonera de responsabilidad a los titulares de aquéllas cuando dicho uso inadecuado haya sido la causa del daño sufrido, por ejemplo,  Sentencia del Tribunal Supremo de 10 de marzo de 2004, sobre lesiones paralizantes de quien salió despedido de una atracción de feria por situarse fuera de la zona asegurada por la barra de protección.

 

Anna Almécija Casanova

annaalmecijaSP@gmail.com

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